En el centro del escenario la silueta de un verdadero artista de circo, de los de antes... Camisa abierta y pelo en pecho. El público enmudecido observa con atención esa silueta que ya impone sin mover ni un solo músculo de su cuerpo. Suena la música y su mirada directa y penetrante estalla como un volcán en erupción, comienza el espectáculo. Movimientos acompasados con una música de espectáculo de circo, de los de antes... Demuestra su habilidad con los balones girando sobre su dedo, sonríe sabiendo que eso...es solo el principio. Pero algo va a cambiar. Alguien aparece. Alguien que parece ser la  encargada de las labores de mantenimiento del teatro. Alguien que no entiende cuan sagrado es el suelo que está pisando llevando poco a poco a desesperar a nuestro artista principal. La dificultad de los malabares aumenta de igual forma que aumenta el caos y las diferencias entre estos dos personajes. Al final, una solución conjunta se convertirá en el mejor de los trucos imaginados por nuestro artista y por todos los presentes, la figura final de la levitación con siete balones girando le devolverá la grandeza y el éxito esperados, o tal vez no...               

 

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